Anna Frank, una joven esperanza

Anna Frank tenía tan solo 13 años cuando escribía su diario

Corría una brisa de aire otoñal y sin todavía estar en la estación que nos correspondía, la mañana se levantó tan gélida en todo Ámsterdam que nada me pareció más adecuado para poder relacionar lo que estaba apunto de descubrir con el tiempo que hacía, es más, no me importaba.

Una enorme cola de cientos de personas se disponía a entrar en aquel lugar…la casa de Anna Frank, pero sabemos (sobre todo para aquellos que nos hayamos leído su historia) que la suya no era una casa cualquiera, sino que había sido más bien su escondite durante casi dos años mientras que las tropas nazis exterminaban a todo judío que se encontraban. Anna Frank junto con ocho personas más fueron víctimas de este genocidio, siendo su padre, Otto Frank, el único superviviente, pues Anna murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Tras esto, su padre encontró el diario que había estado escribiendo su hija Anna durante su escondida y este lo publicó con el fin de que gente de todos los países supieran todo lo que había sucedido durante aquella encrucijada en la II Guerra Mundial, contado a través de los ojos de una niña de tan solo 13 años.
Todavía recuerdo esa sensación escalofriante que pude descubrir al entrar en aquel gran edificio… No era uno cualquiera, pues engañaba con tan solo mirarlo. Parecía pequeño y estrecho, en mi cabeza y desde las afueras solo me disponía a imaginar cómo estarían distribuidos los elementos que conformaban aquel frío pero a la vez estremecedor lugar.
En la calle Prinsengracht,267 de Ámsterdam (Países Bajos)

Casa de Anna Frank en la ciudad de Ámsterdam

Una vez dentro, todo fue diferente a como me lo imaginé, suponía que la casa conservaba aún algunos muebles, pero no fue así, pues pude saber que en el momento en que Otto Frank decidió hacer de su escondite una especie de museo, este decidió no dejar ningún elemento que se encontraba  en él, pues explicó que no se podía dejar unos muebles en una casa donde las almas que habían vivido allí ya no estaban. Cuando ya comprendí esta frase, ya todo parecía encajar, aun así el edificio conservaba chimeneas, puertas, aquellas cortinas negras que utilizaban para que los vecinos de alrededor no pudieran sospechar nada para no ser reclutados… La verdad es que todavía sigo sin saber cómo pudieron vivir ocho personas durante casi dos años en aquel lugar, donde durante el día no podían hacer el más mínimo ruido para no levantar sospechas, ni salir a la calle a contemplar todo aquello que se estaban perdiendo, cómo una joven niña observaba desde la ventana del ático el día soleado que no podía disfrutar, pero que aún así mantenía la corazonada de que cualquier día todo volvería a ser como antes.
Anna tenía la esperanza de que cuando fuera mayor sería periodista y escritora, es más, su diario lo reescribió para poder publicarlo tras la guerra y así también poder mudarse a los Estados Unidos, lugar donde tenía pensado trasladarse después de que pasara todo para empezar una nueva vida con su familia.
Escondite de la ''casa de atrás''

Pasadizo a la “casa de atrás”

Cuando subí aquellas empinadas escaleras estrechas para poder adentrarme en la habitación de Anna, solo pude ver un dormitorio donde una simple niña de 13 años colgó sus fotos y pósters favoritos en las paredes. No era un dormitorio cualquiera, sino era aquel que guardaba toda la ilusión y esperanza del mundo, donde ella soñaba día tras día…

Lo más asombroso también que me quedaba por descubrir fue aquella estantería que servía como pasadizo hacia la famosa ”casa de atrás”, repleta de libros antiguos, llenos de polvo que durante más de 67 años se habían quedado allí de por vida; las escaleras que daban hacia el sótano y sobre todo, en el trayecto final pude ver el famoso diario de Anna, enfundado en una tela roja de cuadros. Quizá algunos piensen que se trata de un simple diario, sobre todo para aquel que no haya tenido el placer de disfrutar leyéndolo, pero a la vez contenía algo mágico que solo hoy en día pocos pueden apreciar, una caligrafía bastante madura para su edad, simplemente dulce, simplemente preciosa…
Réplica del diario de Anna Frank

Réplica del diario de Anna Frank

En cuanto a todo esto, la reflexión que pude obtener fue que aunque el padre de Anna falleciera y su testamento no se destinara a ningún familiar, su único deseo y lo que nos dejaba era la historia y el recuerdo de todo lo que ellos vivieron. Haciendo una ofrenda a toda la población del mundo, su casa y lo más importante, el diario de su hija. Elementos que jamás se perderán en la memoria, pues generación tras genera

ción irá cuidando el diario de Anna haciendo de él algo importante en la vida de todos nosotros.
Cosas como estas son las que nos ayudan a abrir los ojos y nos invitan a reflexionar, pues hoy en día no tenemos constancia de lo que sufrieron miles de familias en aquella época y de lo que tuvieron que luchar para sacar a  sus miembros adelante, luchando por unos derechos que todos los seres humanos poseemos, libres de hacer lo que queramos y de tener la ideología que deseemos sin que nadie nos arrebate nuestros sueños.
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Un comentario en “Anna Frank, una joven esperanza

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