El negocio de los mercadillos

En los últimos años ha ido cambiando la estructura de los mercadillos debido a la crisis económica. Ya en el siglo XXI la situación ha cambiado, la competencia ilegal, llevada a cabo por la intrusión de los inmigrantes sin papeles; el desarrollo de un comercio de importación frente al de productos nacionales y la competencia desleal de las grandes superficies que ajustan sus precios a la crisis y compiten con precios de mercadillos ofreciendo así múltiples ventajas, son algunas de las causas que provocan una disminución de las ventas y un aumento del número de personas que se dedican a este oficio.
“Existe un rumor de que con la crisis las ventas han aumentado, pero es totalmente incierto, hay gente que se cree que cuando hay crisis las personas tienden a ir más a los mercadillos”. Así declara Pedro García, vendedor ambulante en la localidad sevillana de Lebrija.

Según un artículo publicado en el diario Cinco Días, las ventas de todos los tipos de productos han disminuido un 60% en los años previos a la crisis, sobre todo en la mercancía textil. Los puestos de frutas y verduras también han sentido el mazazo de la crisis, aunque en menor medida. En concreto, la Federación Regional de Murcia de Vendedores Ambulantes sitúa la disminución de la venta de fruta en un 50% frente al 70% de los productos textiles.
Los mercadillos están llenos de clientes nuevos, pero esto no significa que estos compren más o que aumenten las ventas. La decisión de compra se hace muy dura, tan dura como en las tiendas. Antonio Figueroa Lorente, presidente de la Asociación de Vendedores Ambulantes de Jaén, sostiene que “hay más gente porque hay más personas en paro que salen a distraerse, pero luego nadie compra, hay clientes que tenemos desde hace muchos años que se sinceran y te dicen que aunque les guste el artículo no pueden llevárselo”. Así también lo afirma Pedro García, quien sostiene que cuando hay crisis, la cuerda se parte por la parte más endeble, es decir, en los mercadillos. La familia que tenga un alto poder adquisitivo, aunque haya crisis, seguirá teniendo ese poder. Este afirma además que es cierto que han capturado algo de gente que quizá iba a los centros comerciales, pero que si han captado quizá un 5%, han salido perdiendo con la crisis.
Al mismo tiempo, el número de familias que se dedican a esta actividad ha aumentado desde que comenzó la crisis económica. Solo en Andalucía, los datos recogidos por la Federación Andaluza de Comerciantes Ambulantes situaba la cifra en los años de bonanza en torno a 38.000, los últimos cálculos son de más de 40.000. En concreto, en Sevilla, entre 5.000 y 6.000 familias viven del comercio ambulante según la Asociación de Comerciantes Ambulantes (ACA) de Sevilla y su provincia.

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Mercadillo de Lebrija (Sevilla). Fotografía propia

El comerciante en mercadillos, por regla general, ha carecido de estudios, muchos de estos eran inmigrantes o pertenecían a minorías étnicas. Estos perfiles se siguen manteniendo, pero ahora están emergiendo personas con mayor nivel de formación, que al no encontrar otra salida crean un puesto ambulante. Aun así, esto no es muy común, las personas que deciden dedicarse a este tipo de comercio, son hijos y nietos de los que tiempos atrás han tenido un puesto ambulante. Es el caso de Beatriz Romero, quien se dedica a la venta ambulante en la localidad malagueña de Marbella a pesar de haber estudiado Psicología. “Empecé a través de mis padres, quienes también se dedicaban a la venta en los mercadillos y ahora me dedico a ello porque es un trabajo que me da de comer”.

Por otra parte, la crisis económica no solo ha afectado a los vendedores ambulantes, sino a los consumidores. Luis Benjamín Romero, profesor colaborador del Departamento de Economía Aplicada III de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, explica que cuando se ha producido la crisis y ha llegado el desempleo, las familias han iniciado un proceso drástico de desendeudamiento. Esto implica gastar menos de lo que se ingresa. Una caída del consumo de este tipo afecta a todas las actividades comerciales, no obstante, como las familias tratan de gastar poco, porque tienen menos renta y además tienen que destinar una parte a sus deudas previas, buscan reducir sus gastos y realizarlos en los lugares con menores precios, aunque sea sacrificando calidad.

A pesar de la crisis económica, los mercadillos tampoco han evolucionado tanto desde sus orígenes. Antes, estos se basaban en extender por el suelo mantas en donde se exponían los productos, aunque esta práctica ya no es tan habitual. A esto se le añade un
punto en común, siempre se han vendido tanto ropa como alimentos. Sin embargo, la única diferencia es la regulación, estos están ahora más controlados. “Recuerdo que cuando era pequeño, en el mercadillo no había tantos puestos como ahora, había si acaso cuatro o cinco mantas en el suelo con pequeños montones de ropa”, declara Juan Rodríguez, vecino de Lebrija de 82 años.

A partir de estas declaraciones, se puede establecer una clara definición de los mercadillos. Estos son superficies al aire libre donde se ejerce la compra-venta de productos. Las características principales de estos son la inexistencia de un establecimiento comercial permanente, la periodicidad del lugar y fecha en la celebración de mercadillos y la venta en instalaciones móviles o semifijas de fácil instalación y traslado. El desarrollo de esta actividad se debe hacer en lugares autorizados por el Ayuntamiento de cada localidad. Y todo lo que escape a esta regulación debe entenderse como venta ilegal, un comercio clandestino que también se ha visto golpeado por la crisis.

El comercio clandestino, la sombra de los mercadillos

El hecho de que los mercadillos no estén bien vistos, se debe a que la sociedad los relaciona con el comercio ilegal. Hay una serie de vendedores ambulantes, sobre todo inmigrantes, que no pagan los impuestos correspondientes ni tienen las licencias necesarias para poder ejercer el comercio ambulante. “Lo hacen extendiendo mantas por los mercadillos, en las que ofrecen los objetos que han robado o han encontrado en la basura”, sostiene Valeriano Muñoz, policía local de Alcalá la Real en Jaén.
Cada día se ven más y más personas buscando en los contenedores de basura. Ante esta situación, instituciones como la Policía, avisan a estos, pero no pueden multarles puesto que suelen ser personas que no tienen los medios suficientes para pagar las multas. La Ordenanza Municipal de cada localidad establece que está prohibido manipular los residuos o dejarlos fuera de los contenedores. Este es uno de los principales problemas que se denuncian desde las asociaciones de comerciantes ambulantes, el hecho de que cada vez son más los inmigrantes sin papeles que venden sin permisos en los mercadillos de los barrios. Sin embargo, Antonio Maya, presidente de ACA, aclara que “desde la asociación intentamos ayudar a todo aquel comerciante ilegal que haya estado en su día en Sevilla o provincia, ayudamos a que se pueda integrar en un mercadillo con toda la documentación que se requiere. Intentamos darle oportunidades para que se dediquen al comercio ambulante de forma legal”.

Para poder tener un puesto legal hace falta contar con una gran cantidad de documentación en regla y esto resulta muy costoso. Los comerciantes, ya se dediquen a la venta ambulante legal o posean establecimientos permanentes que tienen toda la documentación en regla, se quejan de esta competencia desleal.
La venta ambulante no autorizada es un sistema de comercialización potencialmente peligroso que pone en riesgo la salud de los consumidores, ya que la mercancía que ofrece no pasa los controles legales higiénico-sanitarios establecidos y ninguno de estos vendedores tiene el carnet de manipulador, por lo que los consumidores tienen el riesgo de contraer enfermedades de origen alimentario. En localidades pequeñas como Alcalá la Real, los vendedores ambulantes ilegales suelen aparecer al finalizar las distintas temporadas de trabajo relacionadas con el campo, ya que el trabajo es escaso y es muy habitual ver a numerosos comerciantes ilegales que tratan pasar desapercibidos entre los puestos legales para vender estos productos de temporada.

A pesar de que es un comercio ilegal y que la calidad de los productos es pésima, estos comerciantes gozan de una potencial clientela: jubilados, mujeres de mediana edad… Esto se debe a que el vendedor ilegal tiene un cierto beneficio popular y, a diferencia del rechazo social que cualquiera que infrinja la ley puede producir en la población, este es visto con cierta simpatía, pues se considera erróneamente que no está cometiendo ninguna infracción, sino que es una manera honrada de ganarse la vida. “Si me lo vende barato y el pobrecito no tiene para vivir, qué más me da comprarlo aquí que en otro lado, así le ayudo de alguna forma”, explica María, vecina de la localidad pacense de Berlanga.

Como afirma Valeriano Muñoz, “la mayoría de las ilegalidades que encontramos se dan porque los comerciantes adquieren la licencia para vender determinados productos, pero además de ello venden otros que no entran dentro de esta licencia”. Por ejemplo, hay puestos que tienen autorización para vender bisutería y a la misma vez venden perfumes, para los cuales no se ha solicitado ni permiso ni autorización, comenta.

El procedimiento que lleva a cabo la Policía ante estos casos consiste en denunciar a estos comerciantes pidiéndoles la acreditación de la compra legal del producto que vendan. Si los comerciantes demuestran que esta compra es legal mediante una factura pero no poseen una autorización para venderlos, se les desmonta el puesto. Si por el contrario, estos no acreditan que han adquirido los productos de forma legal y no tienen licencia para venderlos, se le interviene su mercancía como efectos de dudosa procedencia. Una vez hecha la incautación de los productos, el policía consulta si esos artículos pudiesen ser procedentes de un robo en cualquier otro punto. “Por otro lado, están los vendedores que no tiene licencia municipal para estar en el mercadillo, en este caso, la actuación de la Policía consiste en levantar un acta de denuncia y automáticamente levantarle todo el puesto, el comerciante ambulante está obligado a abandonar el mercadillo”. La actuación policial es similar al caso anterior, pero en el caso de los productos perecederos, si el dueño no lo solicita en 24 horas, se suele entregar a los comedores de beneficencia o a los comedores sociales.

La Policía únicamente se encarga de elaborar un informe con la multa, pero la cuantía de la sanción la impone el Ayuntamiento de cada localidad dependiendo de varios factores que van a hacer que la infracción se penalice o se castigue con un precio mayor o menor.
A causa de la nacionalidad extranjera de gran parte de estos vendedores ilegales, la población asocia esto a la comunidad gitana, que son los que se encargan mayormente de la venta ambulante.

¡Solo pedimos dignidad!

Uno de los principales problemas por los que la sociedad menosprecia a los mercadillos, es porque la gran mayoría de los vendedores son, fundamentalmente, de etnia gitana.
Desde la Asociación de Comerciantes Ambulantes hacen un llamamiento a las Administraciones para pedir igualdad de oportunidades, pues consideran que no son tratados de la misma manera que cualquier trabajador: “Las Administraciones en general nos han tratado siempre como a gente de tercera y de cuarta. Ya es hora de que se den cuenta de que generamos mucho empleo. Nosotros lo que queremos y pedimos es dignidad”, reclaman desde ACA.

Según el Informe del Centro de Estudios Andaluces sobre los gitanos y la venta ambulante, en 2006 la principal actividad económica de la población gitana era la venta ambulante. Actualmente, según fuentes policiales, más del 75% de los puestos de un mercadillo pertenecen a personas de esta etnia.
A la misma vez que la sociedad pide igualdad, todavía queda un abismo entre las diferentes etnias que conviven en España. Desde la Asociación de Comerciantes Ambulante (ACA), buscan poner fin a esta situación que cada día afecta a miles de comerciantes ambulantes. “El vendedor ambulante, sea de la etnia que sea, se levanta a las cinco de la mañana y se acuesta a las siete de la tarde. Si lo comparas con el número de horas que trabaja cualquier empresario, los comerciantes ambulantes están cobrando sueldos mínimos”. Antonio Maya afirma que el motivo por el que trabajan este gran periodo de tiempo es para mantener su casa y su familia, o familias. Además, tienen que cargar con los mitos sobre la ilegalidad de los productos que venden y la desconfianza hacia la procedencia de los mismos.

Aún así los gitanos no son los únicos que sufren el racismo, inmigrantes rumanos o sudafricanos se ven, muy a menudo, señalados y acusados de vender productos robados. “Ya sabemos cómo es esta gente. No es legal, pero como dicen que están discriminados hacen lo que les da la gana y no les rinden cuentas a nadie”, expresa Juan mientras acompaña a su mujer al mercadillo de Linares.
Estos hechos pueden tener relación con que los mercadillos estén menospreciados por parte de la población y considerados como un lugar de compra para gente de clase baja y sin recursos.

¿Están realmente controlados los mercadillos?

Ante toda esta situación de clandestinidad, existen una serie de normas que regulan la actividad para que un comerciante pueda ejercer su trabajo legalmente. “Me pidieron muchos papeles para darme la licencia, pero no son requisitos difíciles de cumplir. Lo difícil es tener un lugar donde poder montar tu puesto”, sostiene Beatriz Romero.

Pero, ¿qué es necesario para trabajar en un mercadillo? No hay una tasa fija que establezca lo que deben pagar los vendedores ambulantes, el pago de las licencias o las tasas varían en función del Ayuntamiento que la conceda. En este caso, Pedro García debe abonar una tasa por ocupación de suelo de veinticinco euros cada día que acude a ejercer su trabajo en el mercadillo, sin embargo, Beatriz paga cuatrimestralmente 350 euros. Esta diferencia se debe en su mayoría al tipo de ciudad que albergue el mercadillo y a su turismo, pues en función del número de visitantes y de la población de esa ciudad, el pago por la licencia o las tasas será mayor.

Además del pago de tasas, hace falta obtener una licencia del Ayuntamiento. “Debes tener tu DNI en regla, estar dado de alta en la Seguridad Social como autónomo, llevar los pagos al día y no tener deudas pendientes con la Seguridad Social. Además, tienes que poseer un carnet de comerciante que puedes obtener a través de un cursillo, también un seguro de riesgo laboral en el puesto y poseer una licencia de vendedor ambulante que te proporcionará el Ayuntamiento cuando aceptan tu solicitud. Esto a mi me supuso alrededor de 445 euros”, afirma Beatriz. Sin embargo, estos requisitos dependen de cada Ayuntamiento. Además de todo ello, se debe pagar el Impuesto de Actividades Económicas e informar sobre el tipo de producto que se venderá.
“Después de realizar todo este procedimiento, te incluyen en una lista de espera para poder conseguir un lugar fijo donde montar tu puesto. Esta lista va por orden de antigüedad. Si algún día falta algún puesto, se lleva a cabo un sorteo entre todos los vendedores de la lista para cubrir el hueco de ese día”, explica Beatriz.

Sin embargo, hay un sector de comerciantes que denuncian que obtener las licencias y permisos resulta en ocasiones tan complicado que es prácticamente imposible conseguir una plaza. Claro ejemplo de ello es el famoso caso de Inmaculada Michinina Costas, quien lleva más de cuatro años esperando la concesión de la licencia de vendedora ambulante en Cádiz para poder vender sus manualidades. En representación de las familias que como ella esperan una licencia para poder ganar dinero en el mercadillo, Inmaculada irrumpió en un pleno del Ayuntamiento gaditano con la siguiente declaración, como recoge Elperiodico.com: “Somos familias en paro, a ver si os enteráis. En cada pleno pasáis de nosotros, os importamos un bledo. ¿Para quién trabajáis? Para mí, para el pueblo, ¡que somos personas!”.

Posteriormente, Inmaculada apareció en la portada de la revista Interviú alegando en una entrevista que lo que ocurrió en el pleno del Ayuntamiento gaditano no fue algo improvisado. “No fue un calentón, llevaba dos años y medio en paro y varios meses de lucha, había escrito cuatro meses mi discurso, pero no lo terminaba porque era incapaz de transmitir en papel lo que sentía”, declaró Inmaculada. Tras ello, la gaditana se presentará a las elecciones municipales de Cádiz en 2015 tras conseguir un gran apoyo popular y hacer que el Ayuntamiento abriera un plazo para abrir nuevas licencias de venta en la ciudad.

Según Juan Rojas Guerrero, presidente de la Confederación Española de Comerciantes Ambulantes, en la legislación existen dos errores: pretender que el fin primordial del comercio ambulante sea complementar las zonas más desabastecidas cuando se abastece por sí solo y ceder las competencias sobre su regulación a los Ayuntamientos que, para Rojas, es como decirles que es un sector marginal y debe practicar el auxilio social a través de él. Cualquier familia que lleve vendiendo veinte o treinta años, tiene su futuro en manos de la arbitrariedad de un concejal que puede renovar o no su licencia cada año.

Son diversas las opiniones que circulan por la población en torno a la relación Ayuntamiento-mercadillo. Ejemplo claro de ello son las declaraciones de Federico de la Torre, secretario general de Feicase (Federación de Empresarios de Industria y Comercio de Alimentación de Sevilla), quien sostiene que los mercadillos no aportan ningún beneficio a los Ayuntamientos. “Las tiendas habituales tienen que pagar una serie de impuestos para poder ejercer su labor, mientras que lo que pagan los mercadillos es menor. En mi opinión, creo que los Ayuntamientos permiten los mercadillos para obtener votos y popularidad.”
Sin embargo, esto no es lo que afirman los vendedores ambulantes. Pedro García defiende que los Ayuntamientos permiten los mercadillos porque obtienen beneficios económicos a través de las recaudaciones de las concesiones de licencias y de las diferentes tasas.

Las contradicciones en los mercadillos

A pesar de lo que cree la mayor parte de la población sevillana, según María Victoria Bustamante, personal de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla, el comercio ambulante está regulado en la ciudad. En 2011 comenzó a elaborarse una nueva ordenanza reguladora que se ajusta a la normativa andaluza, la cual se aprobó en 2012. El texto de esta normativa se ha ido consensuando con distintas asociaciones de comerciantes ambulantes, así como con la Consejería de Comercio de Andalucía. Además, se ha creado una comisión informativa donde se encuentran todos los partidos políticos y aquellos que tienen competencia en la materia, como la Policía, el Delegado de Urbanismo de Sevilla, etc.

En esta normativa también está representada FACUA. Jordi Castilla, perteneciente al departamento jurídico de esta organización, explica “formamos parte del Consejo Andaluz de Comercio, desde el cual se revisan las ordenanzas de comercio ambulante que van llegando. Nos encargamos de vigilar que, jurídicamente, las ordenanzas se adecuen a la norma marco-andaluza. En algunas ciudades también estamos en los Consejos de Comercio, en las que tratamos de una manera más específica los distintos problemas que los distintos mercadillos generan, como pueden ser las quejas o las devoluciones”.

Como se ha dicho anteriormente, la Policía se encuentra en esta comisión informativa, pues es la encargada de que se cumpla esta ordenanza normativa. Lo primero es controlar el acceso al recinto y revisar, posteriormente, que todos los comerciantes tengan sus placas identificativas a la vista, es decir, sus licencias. Si durante esta inspección descubren que una de ellas no está al corriente de pagos en el Ayuntamiento, la Policía no puede hacer nada, ya que de ello se encarga un recaudador del Ayuntamiento de la localidad. “A partir de ahí, ya sabemos qué es lo que se está montando en ese puesto y que goza de autorización municipal. Si después tenemos alguna duda, controlamos el tipo de mercancía para el que está autorizado y si esta coincide con la que se está vendiendo”, declara Valeriano Muñoz.

Básicamente, el protocolo que lleva a cabo la Policía consiste en comprobar que todos los puestos que se montan tienen licencia, mantener el orden público e intentar vigilar para que no se cometan robos. Los robos son uno de los sucesos más frecuentes al margen de la actividad comercial de los mercadillos. “Son difíciles de controlar porque cuando un policía va con uniforme al que controlan es al propio policía. Por eso, a veces, disponemos de patrullas de paisanos.”

Bustamante afirma que con esta ordenanza lo que se ha logrado es que haya más regulaciones de licencias en mercadillos y están llevando a cabo un proceso de regulación para ir desplazando los mercadillos de sitio y así paliar sus efectos negativos, como la contaminación acústica y atmosférica o la aglomeración de personas y vehículos entre otros.

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Polígono Industrial del Aeropuerto de Sevilla. Fotografía propia

Bajo el punto de vista de los órganos institucionales, la venta ambulante y el fenómeno del mercadillo están más que regulados. Sin embargo, los propios comerciantes y sus proveedores dejan entrever todo lo contrario. Hay una ausencia de regulación y de control, sobre todo por parte de la Policía. En el Polígono Industrial del Aeropuerto de Sevilla, se encuentran los proveedores que ofrecen productos textiles a los comerciantes ambulantes. El nerviosismo está presente en los proveedores, que se encuentran reacios a responder, evitan hablar acerca de la legalidad y procedencia de los productos. “Aquí no hay ningún tipo de control, yo no pido licencias, mientras tengas dinero puedes comprar todo lo que quieras”. Estas son palabras de Ricky, proveedor de la tienda El Portugués, situada en este polígono. Antonio, proveedor de otro de estos establecimientos llamado Blanco y Negro, confiesa que estas tiendas del Polígono no las regula ningún organismo. Hace hincapié en la ausencia de policías, quienes solo acuden al lugar cuando reciben algún tipo de “chivatazo” acerca de alguna venta ilegal.

Xao, otro proveedor de nacionalidad china, también trabaja en estas tiendas. Confirma que la ropa que obtiene para venderla posteriormente en los mercadillos proviene en su mayoría de China y Portugal. Asegura que el precio de las prendas lo establecen ellos mismos, en función de la competencia con los demás proveedores. Cuando estas prendas llegan a los mercadillos, su precio se ve aumentado en cuatro euros aproximadamente. “Cada uno está sujeto al porcentaje de precio que crea conveniente. Esto es un mercado libre”, declara Antonio. A pesar de este aumento de precio, los productos siguen siendo mucho más económicos que en una tienda habitual. Sin embargo, en esta reducción del precio también va implícita la calidad del mismo.

La relación calidad-precio

“Los productos que se venden en los mercadillos suelen ser de mala calidad, además te encuentras con muchos problemas, ya que la mayoría de las cosas o están rotas o ya vienen usadas”. Explica María del Amor, compradora habitual en mercadillos de la localidad jienense de Linares.
Esta es la creencia general que existe en la población respecto a la calidad y procedencia de los productos. La Oficina del Consumidor es uno de los medios a disposición de los consumidores para presentar quejas y denuncias sobre los mercadillos, al igual que CECA, la Confederación Empresarial de Comercio de Andalucía. De esta manera, establecen que las obligaciones de calidad de los productos que se venden en los mercadillos son las mismas que los de la venta general, no hay diferencias en las exigencias legales entre ambos. Los consumidores deben responsabilizarse de las compras que realicen y tienen derecho a conocer previamente el precio al que van a pagar los productos. A pesar de que los consumidores tienen muchas facilidades para llevar a cabo sus quejas y denuncias, el número de estas es muy reducido, casi inexistente. Esto se debe a que las expectativas de las personas que van a comprar en los mercadillos no es muy alta, puesto que esperan que todo lo que compren sea de mala calidad o esté en mal estado. Por eso, cuando encuentran algo en mal estado, estos no se molestan en reclamar.

Jordi Castilla, en nombre de FACUA, coincide con la Oficina del Consumidor y explica que la normativa es exactamente la misma que la de una tienda habitual. Los mercadillos tienen que tener una hoja de reclamaciones, la cual se tramita exactamente igual. Además, la garantía de los productos que venden también debe ser la misma.
“La ropa no tiene la misma calidad. Si compras un pantalón tienes que arreglarlo porque está estropeado o no es la talla que ponía. Son desechos”, comenta María del Carmen, compradora ocasional en el mercadillo de Linares.

Según la Asociación de Comerciantes Ambulantes (ACA), no hay diferencias en cuanto a la calidad de los productos. Aseguran que los productos provienen de los mismos almacenes y acusa al sector del comercio de difundir el mito de la mala calidad para que la gente no acuda a los mercadillos y compre en las tiendas. Afirma que el propio consumidor se da cuenta de este bulo cuando compra en el mercadillo un producto exactamente igual al que encuentra en una tienda pero a un precio menor.

“Ellos mismos anuncian que venden productos de marcas conocidas, incluso tienen la señal de haberle arrancado la alarma”, expresa María del Amor.
Respecto a esto, la Policía aclara que existen algunas fábricas textiles que cuando reúnen grandes cantidades de productos con alguna tara o defecto, hacen lotes y los vendes a muy bajo precio. En otras ocasiones, hay grandes almacenes que trabajan con ellos como Carrefour o Hipercor, cuyos productos que están fuera de temporada y les cuesta vender, son cogidos a un precio muy bajo por los vendedores ambulantes. Otra modalidad que se está dando actualmente es la recogida de ropa usada, cuyas empresas encargadas de la recogida de esas ropas hacen lotes con las prendas que se encuentran en mejor estado de uso y las ponen a la venta otra vez.

Según ha informado el programa televisivo Equipo de Investigación de La Sexta y el periódico El País, España está plagada de contenedores para la recogida selectiva de ropa usada, la nueva industria del reciclaje textil mueve cada año decenas de millones de euros en el país, aunque la idea de que las prendas donadas tendrá un fin solidario, no siempre resulta así. En la práctica son muchas las empresas que compiten por ellas, Humana es la principal organización dedicada a la recogida de ropa usada en España y está presente en más de 800 localidades españolas, teniendo así más de 4.000 contenedores. En un informe de febrero de 2013, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) denunciaba la presencia mayoritaria de contenedores piratas en Madrid. Aparte de Humana y otras organizaciones similares, se ha descubierto que hay particulares que aprovechando este negocio, colocan contenedores propios haciéndose pasar por organizaciones con fines benéficos y sin embargo, esta ropa que recogen de estos contenedores la venden en mercadillos.

Por otro lado, cuando se solicita autorización para la venta de productos alimenticios se tienen que pasar previamente unos requisitos más estrictos que los que pasan los productos textiles. Respecto a la calidad de estos, el secretario general de Feicase, asegura, “para que determinados alimentos sean vendidos en el mercadillo los vendedores requieren una autorización y un informe favorable por parte de la Consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía, que acredite que el producto se puede vender en estas instalaciones, además del carnet de manipulador de alimentos”. Estos puestos ambulantes están obligados a tener una máquina de pesaje verificada cada cierto tiempo, para así saber que lo que se está pesando es cierto.
Según la Ordenanza Reguladora, está prohibido comercializar con carnes, aves, pescados y mariscos frescos, lácteos, pastelería y bollería, entre otros alimentos, así como aquellos productos que por sus características y a juicio de las autoridades competentes conlleven un riesgo sanitario. A pesar de esta prohibición, se vuelve a apreciar la falta de regulación, pues en algunos mercadillos se puede encontrar ocasionalmente productos lácteos o bollería.

Otra cuestión es el tema de las condiciones higiénico-sanitarias de los productos. La venta de productos en mal estado puede entrañar graves riesgos para la salud del consumidor, como intoxicaciones o transmisión de enfermedades infecciosas.

Para prevenir, detectar y sancionar aquellas prácticas que supongan un perjuicio para los derechos del consumidor, cabe destacar a modo de ejemplo las Campañas de Control llevadas a cabo por la Dirección de Servicios de consumo del Ayuntamiento de Madrid. El objetivo de estas campañas era erradicar cualquier tipo de venta ambulante no autorizada. En las visitas de control, los inspectores tomaban muestras de los productos puestos a la venta y las mandaban a los laboratorios para su análisis. Con la realización de esta campaña se ha conseguido fundamentalmente una mayor protección de los derechos de los consumidores, así como concienciar, informar y educar a vendedores ambulantes sobre las exigencias legales que deben cumplir al ejercer su oficio.

No obstante, para combatir estos prejuicios no hay mejor arma que la confianza. La mayoría de los vendedores ambulantes que asisten al mercadillo de una determinada localidad, lo hacen continuamente desde hace años. Por ello ya conocen a gran parte de los compradores y tienen amistades con ellos, lo que supone mayor credibilidad en el vendedor y en sus productos, sin cuestionarse la procedencia o calidad de los mismos. “En los puestos a los que voy se ven siempre las mismas caras y ya son conocidos, por eso sé que estos puestos son legales”, confiesa Castillo, consumidora en el mercadillo de Lebrija.
A pesar de todos estos pros y contras de los mercadillos, la profesión de vendedor ambulante lleva existiendo desde hace siglos y nada indica que vaya a desaparecer, puesto que siempre ha sabido adaptarse a los cambios y adversidades. Sí es cierto que esta crisis económica ha sido un duro golpe que ha hecho que las ventas desciendan considerablemente. Aun así, siguen teniendo unos precios al alcance de todos y más asequibles que los de las tiendas habituales, lo que favorece que la sociedad compre en los mercadillos sin darle demasiada importancia a la calidad y procedencia de los mismos; lo importante es el precio.

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