José A. Pérez Robleda: “Cuando encuentras un poeta con el que congenias sientes que está hablando de ti”

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Fotografía cedida

Muestra su universo y su manera de ver el mundo a través de la poesía, su lugar para plasmar sus historias. Es licenciado en Filosofía y actualmente reside en México, donde imparte clases en el Colegio Superior de Gastronomía. Procedente de la localidad sevillana de Camas, el joven poeta ha sido ganador del primer accésit del Premio Adonáis de Poesía 2014 y viene a mostrar su perspectiva, su manera de ver la vida. Él es José Antonio Pérez Robleda.

¿Cómo surgió tu pasión por la poesía?

No recuerdo un momento en concreto, pero desde muy niño. Cuando tenía 5 o 6 años hacía rimas y escribía “poesías” que luego recitaba en las reuniones familiares. Eran cosas muy simples, muy de niños, pero para mí fue natural seguir escribiendo. De cualquier forma, fue durante la adolescencia, en la época del instituto, donde comencé a interesarme por la poesía en serio. Tuve muy buenos profesores de lengua y muy buenos amigos que me recomendaron libros, que me pasaban sus versos y leían con paciencia los míos. Supongo que, como casi todos, la poesía vino de manos de la adolescencia, solo que yo luego me seguí.

¿Recuerdas en qué te inspiraste cuando escribiste tu primera poesía?

No recuerdo, era muy niño. Pero seguro que estaba relacionada con el mar o con las zapatillas de mi abuela, o alguna visita al pueblo paterno: Rociana del Condado (Huelva).

¿Qué nos puede ofrecer esta que no nos ofrezca otros estilos de narrativa?

La poesía es completamente diferente a todos los demás géneros. Es evocativa, concisa, no trata de convencer, ni de ahondar en la sicología de nadie. Es un marco a la realidad. Es mostrar algo que estaba ahí, a la vista de todos, señalarlo y decir, vean lo increíble que es. La poesía es un relato compartido. Esto es algo que puede decirse de muy pocos géneros. En la poesía el autor pone una parte y el lector pone otra casi al 50 por ciento. Por eso solo determinados poemas encajarán con determinadas personas. Depende de mucho de lo que ambos, autor y lector, han vivido, de los gustos compartidos, de lo que pudieran decirse en la intimidad, casi en secreto. Hay poetas que hablan para muy poca gente. Que pueden cuchichear con muy pocas personas. Desde mi punto de vista eso no los hace ni mejores ni peores. Solo más exclusivos. La poesía ofrece un momento de intimidad. Cuando encuentras un poeta con el que congenias sientes que está hablando de ti, que puede poner en palabras lo que tú no puedes expresar. Cuando eso pasa es el momento en que coges un poema para enseñarlo, porque explica mejor lo que tú quieres decir.

¿A qué crees que se debe el hecho de que ya apenas haya gente que escriba poesía?

Desde mi perspectiva hay mucha gente que escribe poesía. Ahora más que nunca. Y se publican más libros de poesía que nunca y hay más certámenes que nunca. Lo que faltan son lectores de poesía. Deja que te cuente una anécdota: la pasada feria del libro de Sevilla, me acerqué a un puesto, el de la librería renacimiento, y comencé a preguntar por algunos autores y libros en concreto que quería traerme a México. No llevaba ni tres preguntas, cuando la dependienta me preguntó: “Ud. escribe poesía ¿verdad?” como si leer poesía fuera una cosa que solo hicieran los poetas. Es un poco culpa de todos: de muchos poetas por ser seres tímidos que casi no se hacen notar o tan crípticos que no se dan a entender; del mundillo editorial por comprar la idea de que la poesía no vende y dejarla al margen de los esfuerzos promocionales y finalmente de muchos lectores, por haberse dejado convencer que la poesía es difícil y esquiva, por acercarse a la poesía con prejuicios. Pero gente que escriba, poetas, no faltan, por suerte.

Jos A. Perez-Robleda Mitologa ntima

Fotografía cedida

Escribir una novela tiene su trabajo, pero escribir poesía requiere otro tipo de necesidades, ¿tienes algún ritual antes de ponerte a escribir?

Suelo pasear. La manera en que escribo poesía tiene dos momentos: uno de ocurrencia y otro de paciencia. Suele llegar una idea, una frase, una broma, un verso, en fin; cualquier cosa. Luego, cuando puedo, me voy a pasear y voy completando esa idea y ahí acaba la ocurrencia. Después, toca escribirlo, dejarlo reposar, releerlo, reescribirlo, darle forma, dejarlo reposar, releerlo, reescribirlo y así sucesivamente sin un número determinado de veces pero con tendencia al infinito. La mayor parte de las veces queda en nada: la idea que parecía tan brillante, al tratar de meterla en versos y darle ritmo, se apaga hasta volverse un lugar común. Pero cuando, después de un tiempo, sobrevive al proceso, queda un poema. Aún después de eso, hay poemas mejores y peores. Todavía antes de enseñarlo debe pasar un proceso de selección.

¿Dónde sueles escribir para inspirarte?

No tengo un lugar determinado, la verdad soy muy desordenado. Siempre cargo papeles, o apunto en el móvil; a ratos me funciona la disciplina de cargar una libreta. No tengo un lugar determinado pero, en los viajes siempre hago más anotaciones. Casi siempre, después de un viaje, vienen versos en la mochila.

¿Cuáles son los escritores que más admiras?

Hay muchos, no podría hacer una lista pero por mencionar a dos de los que más releo, Wislawa Zymborska y Juan Cobos Wilkins. Enumerar más sería comenzar una lista interminable.

Se dice que quien escribe lo hace para hacerlo como terapia personal, donde ve una manera de expresar sus sentimientos y sus miedos, ¿crees que esto es así o también se puede escribir ajeno a los mismos?

Nadie puede escribir completamente ajeno a sí mismo. De entrada no se puede escribir de algo que no esté dentro de uno, ya sea vivido o imaginado. Lo de la terapia es otra cosa. No creo que todo sea terapia, ni creo que se deba que escudriñar en la vida del autor para entender la poesía. Creo que uno enseña parte de que lo que ha vivido y esa honestidad es lo que hace que lo quieran leer. Tal vez haya algo de terapéutico en la escritura, pero en la publicación se va la mayor parte: todo lo que es solo terapia y no encierra nada realmente.

En España, los jóvenes ven la poesía como algo imposible de acceder, ¿qué crees que se puede hacer para evitar estos puntos de vista?

Se trata de la idea preconcebida de que la poesía es difícil y de cómo se ha encargado de demostrarlo en el sistema educativo. Con la poesía pasa como con esas verduras que nos obligan a comer de niños, en cuanto podemos decidir dejamos de comerlo. Sin embargo, la poesía es mucho más que dos o tres autores insufribles que leemos de entre Matemáticas y  Conocimiento de Medio. Creo que la clave es hacer como con la comida: ofrecer más variedad. La poesía es tan amplia que seguro encontramos el plato que nos gusta.

El pasado 8 de mayo presentaste en Sevilla el poemario con el que ganaste el primer accésit del Premio Adonáis, “Mitología íntima”, ¿cómo fue la aceptación por parte de los sevillanos?

Creo que sería muy pretencioso hablar de la aceptación de los sevillanos, te diré que los que vinieron dijeron haberlo pasado bien y te contaré una anécdota. Una vez acabada la lectura se acercó una amiga y me dijo: “tengo muchas amigas poetas, pero el tuyo es el primer libro de poesía que entra en mi biblioteca”. Si tengo que juzgar por eso, podría decirte que me sentí súper aceptado.

Al impartir clases de humanidades en el Colegio Superior de Gastronomía, ¿crees que hay mucha diferencia entre los jóvenes españoles y mexicanos que se interesan por la poesía?

No creo que haya enormes diferencias. Somos muy parecidos los seres humanos. Tal vez las formas, los mexicanos son más lindos. Se oyen más dulces y de algún modo su forma de hablar está llena de poesía. Pero su acercamiento a la poesía escrita sigue siendo desde la desconfianza de lo que presuponen difícil e inaccesible; cuando encuentran algo que les gusta lo toman con la misma pasión que los alumnos españoles.

De aquí a un futuro, ¿tienes alguna meta que te quede por cumplir?

¡Muchas! “Mitología íntima” es mi primer libro de poemas, y tengo, espero, mucha vida por delante. Pero esa historia aun está por escribirse. De momento, la única meta que quiero alcanzar es que alguien tome alguno de mis poemas y lo regale. Que quiera decir algo con él.

 

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