La vida en patín es la vida mejor

Se sienten libres cuando se funden en las ruedas, llevan por bandera la filosofía del compañerismo, la amistad y ayudar a todo aquel que se una al equipo. Sin duda son una gran piña. Ellos son el Club de Patinadores de Sevilla.

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El equipo en su tienda de Sevilla. Fotografía propia

Eran los años 70 cuando el aficionado al patinaje Rafael Herce, más conocido como ‘El Patriarca’ o ‘el Tito Rafa’ fue miembro del club de patinaje artístico en el colegio de los Salesianos en Triana y al margen de ello, Rafael quedaba con sus amigos en el Parque María Luisa para patinar por las calles. Entonces se les conocía como ‘los callejeros’. De este modo, se fueron acentuando y su sobrino Miguel Ángel Vázquez, actual presidente del club y Antonio Vázquez, director de la tienda Mak in line de la calle Arjona en Sevilla, sede del club, fueron los que tomaron el relevo. Miguel Ángel, es el encargado de encauzar el club y de la realización de todas las actividades junto a Antonio, quien ha recorrido Europa en competiciones de patinaje. Ambos se encargan de atender a las peticiones tanto de los propios miembros como de personas ajenas que quieran colaborar con el equipo.

El club realiza actividades de ocio y culturales dirigidas al tiempo libre de sus miembros. La filosofía del mismo se basa en la promoción de la amistad, la salud, el medio ambiente, la solidaridad y el bienestar social.

“Pensaba que el patinaje era solo una actividad deportiva pero te das cuenta que los monitores te dan otros valores como la amistad. El patinaje me sirve como vía de escape, una forma de desconexión de la rutina”, afirma Daniel Cañete, socio y promotor del récord Guinness que han logrado tras conseguir la cadena de patinadores más larga del mundo.

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Fotografía propia

Tras meses de preparación, el pasado 23 de abril, una cadena de 320 patinadores recorrieron 400 metros sin soltarse. Los propios patinadores afirman que no fue tarea fácil, ya que tuvieron que hacer varios intentos. “Costó conseguir el récord porque no podías ni levantar una mano y tras varios intentos, lo conseguimos”, subraya Antonio. La hazaña está pendiente de validación por los técnicos del Guinness.

Daniel Cañete propuso la actividad del récord Guinness y fue entonces cuando se pusieron de acuerdo con otros clubes de España y Andalucía para invitarlos. Sostiene que ha sido un trabajo de dos meses muy intensivo. Tras ello, los miembros del club afirman que les han felicitado por el trabajo, incluso personas ajenas del mundo del patinaje. “Hasta la directora del colegio de mi hijo me ha felicitado.Después de mi boda y el nacimiento de mis tres hijos, es lo más satisfactorio que he tenido en mi vida, sobre todo al ver a tanta gente participando en algo que tú mismo has propuesto”, dice Daniel.

Tras esta eufórica noticia, el club se encuentra ahora mismo organizando el próximo evento, el 21 de mayo con el Día del Patín. Aunque también realizan otras actividades anuales como salidas a la playa o a la sierra en patines; actividades mensuales como la ruta del café o la ruta familiar y las tertulias realizadas semanalmente. A esto hay que sumarle, la realización de actividades solidarias por parte del club como un curso de patinaje en línea dirigido a los niños del asentamiento chabolista El Vacie en el Parque del Alamillo o la colaboración con la ONG SOS Ayuda Sin Fronteras con una ruta en la que acercan ropa y algo de comida.

En el club albergan personas de todas las edades y de diferentes perfiles. De entre los más de 700 socios que posee, se encuentra Carmen Linares, una aficionada al mundo de los patines que afirma que no concibe su vida sin ellos. Ella empezó su pasión gracias a uno de sus hijos. “El patinaje es el centro de mi vida diaria. Lo que le digo a la gente que se inicia en este mundo es que se lo piense bien antes de entrar porque es totalmente adictivo”, afirma.

Algo muy parecido le pasó también a Daniel Cañete, sus hijos empezaron con el mundo del patinaje en el colegio y a raíz de ahí se inició en el ambiente junto a su mujer y ya fue cuando se aficionó. “Me costó iniciarme, al principio tenía miedo pero llegó un momento en que me puse de pie y me sentí seguro, es algo difícil de explicar”, mantiene Daniel.

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El fundador nos muestra qué tipo de patín se utilizaba antiguamente. Fotografía propia

Sin embargo, el caso del promotor deportivo del club, Eduardo Rodríguez, nada tiene que ver con el de Daniel. Eduardo empezó en este mundo a la edad de seis años con los patines de chapas y las cuatro ruedas que había antiguamente. Patinaba en el patio de su casa junto a su prima a pesar de las regañinas de su abuela y una vez que ya tuvo ahorros suficientes se compró sus primeros patines. Fue entonces cuando empezó a ir a Plaza Nueva y en una de estas veces conoció a Miguel Ángel.

El club escribe así sus historias en las memorias que publican en su propia página web. Estas asientan el recorrido del club para que todo aquel que se incorpore sepa el presente y cómo se encauzan hacia el futuro. El grupo tiene como filosofía el compañerismo, ayudando a todo aquel que se incorpore. “No somos de la filosofía del ‘preparados, listos, ya’ que suele haber en otros clubes, aquí se le da importancia al que llega último y si queremos que esa persona se aficione y no lo deje, tenemos que ayudarle. Fue lo que nos inculcaron nuestros mayores”, declara Miguel Ángel.

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El equipo de patinadores al completo. Fotografía propia

En la línea del grupo también se incluye la importancia de darles valor a los más jóvenes, por ser la base del futuro, el mañana del club y los que recogerán el testigo. Aquí entra Adina Ovese, joven rumana de 20 años, quien se considera una persona sociable y siempre con ganas de aprender. “Estudio Derecho y creo que he aprendido más patinando y colaborando este tiempo en el club que en la propia carrera. Aquí la gente te aporta más y cada una te da algo diferente”, sostiene Adina.

La joven afirma que cuando llegó a España, el patinaje fue su medio para conocer la ciudad y como apenas tenía amigos que supieran patinar, empezó a repartir su currículum por todos los clubes para aportar su granito de arena y en septiembre le dieron la oportunidad de poder unirse al equipo.

Así se sustenta el Club de Patinadores de Sevilla, gracias a personas como estas, junto a las más de 700 personas que forman parte del mismo. Sus actividades, el compañerismo y la manera que tienen de ver la vida les hace diferentes. Su filosofía les hace aún más libres y están dispuestos a seguir transmitiendo esta línea a todo aquel que desee incorporarse a esta gran piña, pues como dicen ellos, “la vida en patín es la vida mejor”. Todo va sobre ruedas.

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