La edad de emancipación en España según la opinión de una británica

“¿Solo 20? ¿Tienes solo 20 años y ya estás aquí, en España, lejos de tus padres?” Así es como me interrogaban los profesores en la sala de reuniones durante el recreo, con los ojos abiertos y expresiones perplejas reflejadas en sus caras. Nunca imaginé que mi juventud podría servir como tema  importante para trabar conversación. Pero en la mayoría de los casos, sus palabras. tal vez molestas, me obligaban a esbozar una sonrisa, como si yo debería haber estado fuera con los niños en el patio también. No obstante, gracias a las numerosas amistades que entablé con jóvenes españoles durante mi año en España, poco a poco comprendía las razones por las cuales siempre recibía una reacción similar cuando decía mi edad. Me di cuenta de que yo me había emancipado con tan solo 21 años, pero no podía decir lo mismo con respecto a los que me rodeaban.

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Fuente: Freepik

Antes de examinar la situación actual en España, es necesario recalcar lo que realmente significa el término ‘emancipación’. Según el diccionario de la Real Academia Española, el dicho se refiere al hecho de “liberarse de la patria potestad”, es decir, dejar de recibir todo tipo de apoyo económico-parental y vivir de forma independiente. Sin embargo, tal definición se ha vuelto borrosa en España, donde siempre se ha gozado de una cultura pausada en estos temas, sobre todo durante los años ochenta y noventa, cuando había una coyuntura económica más favorable que la actual.

No obstante, emanciparse, para los jóvenes españoles en su país nativo, actualmente es pedir peras al olmo.  Según un informe oficial realizado por la oficina de estadística Eurostat, la edad media a la que un joven español se marcha del hogar hoy en día es casi a los 30 años. Para ilustrar mejor, los españoles se colocan entre aquellos que se independizan más tarde dentro de la Unión Europea. A primera vista, no cabe la menor duda de que esta estadística evoca una imagen poco positiva de los jóvenes en España, como si no movieran un dedo en una sociedad donde se les supone asumir un papel tanto activo como innovador.

Y es que, estas son algunas de las razones principales por las cuales los españoles vuelan del nido familiar con tanto retraso son las siguientes: Primeramente, hay que destacar la crisis económica prolongada que sacudió a España a partir del año 2008, la cual ha agudizado el dolor de no poder emanciparse a una edad temprana. Pese a que la tasa de desempleo haya bajado en el cuarto trimestre del año 2015, el paro juvenil  en España sigue siendo altísimo y no me resulta sorprendente que los jóvenes deben depender fuertemente del apoyo parental para sus necesidades personales. Debido a la inseguridad de la coyuntura económica junto a un mercado laboral arruinado por el desempleo, existe un verdadero miedo de marcharse del hogar familiar.

Sin embargo, la situación financiera no constituye la única culpable de este preocupante retraso a la hora de emanciparse. Me gustaría agregar que los jóvenes españoles se quedan cada vez más tiempo sumergidos en el ámbito escolar (no suele ser difícil encontrar estudiantes que llevan nueve años en la universidad) donde muchos sueñan con la fantasía de obtener un trabajo en su país nativo siempre y cuando no estén  ‘sobre cualificados’. Pero en realidad, solo son productos de un sistema universitario que, en los mejores momentos, sirve como segunda casa para ellos, para evitar que no formen parte de la llamada generación ni-ni’.  A decir verdad, de todos mis amigos en Inglaterra, conozco a una persona quien, a la edad de 26 años, todavía está estudiando. Por el contrario, cuando estaba trabajando como maestra en España, conocí a gente que estaba a punto de cumplir los 30, y todavía ‘estudiando’. ¿Para qué? Siempre me preguntaba, y siempre oiría más o menos las mismas repuestas: “Para las oposiciones. Para sacar mi plaza fija. Para ser funcionario…”  Todos recibieron alguna forma de apoyo familiar.

Estas observaciones se relacionan con la importancia de la familia en España, cuya red de seguridad se ha convertido en la única alternativa para mantener económicamente a sus hijos los cuales son incapaces de emanciparse. Sin embargo, ¿es posible que la sociedad española siga funcionando de esta manera? De forma puntual me refiero a una sociedad cada vez más envejecida por la emancipación y prueba de ello es la imposibilidad económica de plantear la idea de tener hijos.  El quid de la cuestión es que los jóvenes de España, con diferencia de otros países europeos, no están apoyados de forma financiera por el Estado. En consecuencia, simplemente prolongan el camino hacia la edad adulta por falta de medios financieros necesarios por los cuales se someten cada vez más al sistema ineludible de  ‘políticas familiares’. A mi modo de ver, ya es hora de subvencionar préstamos a los estudiantes en España, para que se formen, para que amplíen las oportunidades en el mundo, para que gocen de toda la creatividad, la independencia y todo lo que encarna el blasón de la ‘juventud’.  Solo hay que subrayar Dinamarca – junto con Finlandia, Holanda y el Reino Unido – países donde se encuentra las tasas más altas de emancipación entre sus jóvenes: más de cuatro de cada cinco daneses entre los 18 y 27 años viven independientes de sus padres. ¿A qué es debido el triunfo de la emancipación en este país? A las becas subvencionadas por el Estado, los cuales facilitan a los jóvenes vivir cómodamente – e independientemente – en el momento de desarrollarse. De hecho, si yo no hubiera obtenido un préstamo universitario para respaldarme durante la carrera, seguro que no habría ido a la universidad. No me habría podido inscribir en ella, y no hubiera sido capaz de emanciparme.

A fin de cuentas, la historia actual de la emancipación en España no tiene que acabar con el desenlace trágico de jóvenes agobiados por la escasez de oportunidades laborales y alienados por una larga trayectoria hacia un trabajo permanente. A la luz de las elecciones presidenciales recientes,  ha llegado un momento oportuno para extender la mano a la población juvenil y abordar el asunto de la emancipación tardía. Esto es imperativo, si no los niños que estaban aquel día en el patio no dispondrán de la esperanza de emanciparse un día en su propia cultura, solo la frustración de no ser preparados de perseguir los sueños en la vida adulta.

Por Fiona Thomas, joven periodista de Reading (Reino Unido).

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