Cabin crew: cuando mi vida está por los aires

Me gusta viajar, pero a la vez necesito ganar dinero para hacerlo. ¿Por qué hacer las dos cosas y trabajar de cabin crew? Es lo que pensó Antonio Espinosa Ríos, un joven sevillano residente en Londres, quien trabaja como azafato de vuelo para la compañía de low cost Ryanair. “Nunca me lo había planteado hasta llegar a Reino Unido. A los meses de llegar, conocí a un chico que se dedicaba a ello y comencé a planteármelo. En ese momento yo trabajaba en un restaurante y cuando empecé a darme cuenta que me estaba estancando profesionalmente decidí probar suerte. Dicen que si te dedicas a algo que te gusta no lo puedes llamar trabajo y a mi evidentemente no me gusta trabajar. Trabajar y viajar a la vez, sonaba atractivo”, relata Antonio.

Fuente personal.

También comenta que en su momento no se planteó entrar en otra compañía que no fuera Ryanair porque sabía que estaban contratando a gente. Dice además que no conocía mucho el mundo de la aviación por aquel entonces y que de antemano sabía que no iba a ser fácil porque su nivel de inglés le suponía una barrera. “Cuando fui al open day de Ryanair hicieron una pequeña presentación de lo que consistía el trabajo y acabo por convencerme”, señala.

Algo muy diferente a lo que explica Celso Adrián Ferradas, joven venezolano que lleva 12 años en el sector y que trabajó en Reino Unido en Ryanair también, “al principio, decidí Ryanair porque hace casi 12 años cuando empecé el mundo de la aviación, estaba más complicado conseguir trabajo, y los pocos que conseguí en aviación en España ofrecían un tipo de contrato y ventajas que no tenían nada que ver con las que me ofrecía Ryanair en ese momento, además de tener un contrato indefinido a los pocos meses”. Algo que llamaba mucho la atención.

Fuente personal.

Y es que para entrar a trabajar como azafato de vuelo se exige al menos tener una formación equivalente a la enseñanza secundaria obligatoria o superior; tener una altura mínima, para las mujeres por ejemplo es de 1’6 y para los hombres, 1’70.  Se exige además pasar además una serie de pruebas médicas que garanticen la salud del candidato tanto física como mental. Y por supuesto tener un nivel de idiomas apto para trabajar, ya que se va a tratar con clientes de todas las partes del mundo y el inglés es el idioma universal. Pero, sobre todo, y lo más importante es contar con un curso de tripulante de cabina (TPC), para ello, hay muchas escuelas que lo ofertan y una vez finalizado se puede aplicar a todas las compañías aéreas. O, sin embargo, también se puede realizar mediante la propia compañía para la que se aplique, como hizo a Antonio.

Aunque cuenta que no fue nada fácil, pues tuvo que dejar Liverpool, la ciudad en la que residía para poder irse a Alemania a realizar el curso, el cual tuvo que pagar al principio con todo el mantenimiento que ello incluye en conceptos de transporte, comida, alquiler, etc. “Utilicé todos los ahorros que gané humildemente fregando platos por horas a un precio irrisorio. Y además de ello tuve que pedirle prestado a mis padres para alquilar algo en Londres donde estoy viviendo actualmente”.

Sin embargo, su día a día ha cambiado desde que tiene este puesto de trabajo. Cuenta que su día a día comienza 45 minutos antes de la salida del vuelo. “En una sala del aeropuerto la tripulación se reúne para seguir las instrucciones del supervisor de cabina y del piloto, donde nos informan de las condiciones climatológicas, tiempo vuelo, etc.”. Una vez dentro del avión, Celso cuenta que es bastante sencillo en lo que a trabajo físico se refiere, “en definitiva, se trata más de interactuar con los pasajeros, de atender siempre a sus necesidades y siempre estar muy enfocado en cuanto a la seguridad del vuelo, ya que hay muchos pasajeros que no son muy amantes de los aviones”.

Antonio cuenta también que todo el equipo supervisa todo el aparato para que no haya ningún objeto extraño, para que todo esté en perfectas condiciones. Cuando todo está listo, empiezan a embarcar a los pasajeros, comprobando todas las tarjetas de embarque y comienzan con los servicios de ventas de comidas, bebidas y perfumes. También cuenta que, durante el vuelo, siempre hay contacto con el capitán para saber que todo va en orden y en perfectas condiciones. En el caso de que haya alguna situación de emergencia médica, cuenta que también tuvo que hacer un curso de primeros auxilios, el cual es fundamental para poder acceder a ser cabin crew. Tras finalizar el vuelo, vuelven a inspeccionar el avión para comprobar que no hay ningún objeto extraño y se vuelven a reunir para informar de todo lo sucedido en el día.

Antonio junto a sus compañeros de cabina. Fuente personal

El joven sevillano cuenta que lo que más le gusta de su trabajo es que conoce diariamente a tripulantes de todas las partes del mundo, que comparten el gusto de volar por el mundo y descubrir ciudades y países. En definitiva, es lo que les une, la pasión de volar. Sus turnos de trabajo cuentan con cinco días de trabajo y tres de descanso. Aunque también cuenta que hay partes de ello que no le gustan. “Cuando trabajas cinco días consecutivos, realmente necesitas ese día extra de descanso. Muchas veces encadenas días en los que solo vuelas, comes, te duchas, duermes y vuelta a empezar. No dispones de un minuto para socializar, ir al gimnasio, o tomar una cerveza. Ni siquiera haces tres comidas al día”.

Además de esto, cuenta que todas las compañías low cost basan gran parte de sus beneficios en las ventas que se hacen a bordo, por lo que reciben presión para vender, desde cafés hasta cámaras de fotos. “Pero sin ninguna duda lo que más detesto es que solo nos pagan las horas que pasamos volando, no las que el avión está en tierra. Así que todos los minutos de los pasajeros embarcando, desembarcando, de protocolos de seguridad o retrasos que pueden llegar a ser larguísimos no son pagadas. Es algo que considero totalmente injusto”, cuenta el sevillano. Por su parte, Celso relata que lo que más detesta es tener horarios muy diferentes en comparación con el resto de personas como sus familiares, amigos…pues explica que la vida social puede ser más complicada.

En definitiva, el joven recomienda la experiencia a mucha gente, cuenta que es enriquecedora y que permite descubrir otras partes del mundo. Tanto si es como para una temporada como si no, es un trabajo para aprender inglés y para ayudar a crecer tanto personal como profesionalmente. Algo que también cuenta el joven venezolano, “a fecha de hoy, no creo que económicamente sea una opción muy buena. Solo por el tema económico, en el tema profesional sí lo recomiendo”. Sin embargo, Antonio también cree que, siendo honestos, con el Brexit, la situación actual cambiará en todos los sectores, especialmente en el de la aviación. “Reino Unido debería alcanzar acuerdos con cada país donde quiera volar o con la Unión Europea. Esto deja la situación un poco más en el aire, nunca mejor dicho…”.

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