Copenhague en 2 días

Visitar una ciudad como Copenhague en dos días es posible.

La aventura no había hecho más que empezar. Visitar un país nórdico, uno de los más felices del mundo y el generador de la cultura “hygge” (pronunciado en danés <hu-ga>), quizá fueran algunos de los motivos que nos impulsaron a ir hacia Copenhague.

Para empezar, Copenhague es una ciudad muy bien conectada, su red de transporte es totalmente segura y recomendable.  Nosotros compramos el billete de 72 horas desde el aeropuerto de Kastrup, con el cual podíamos utilizar tren, metro y bus todas las veces que quisiéramos durante ese límite de tiempo. Aunque luego, nos sorprendió que los conductores de bus no pidieran el título al pasajero, la gente se montaba en el mismo, por cualquier puerta del vehículo y sin picar. Algo que nos sorprendió bastante.  Aunque para evitar disgustos, lo mejor es comprarlo.

Nuestra primera parada fue el Tivoli, un antiguo parque de atracciones que abrió sus puertas por primera vez en el año 1843. Justo enfrente de este se encuentra el Ayuntamiento de Copenhague, enorme y con una gran plaza llena de centros comerciales y tiendas.

Strøget. Fotografía propia.

Tras visitar el Ayuntamiento, fuimos en busca de Strøget, la calle peatonal más larga de Europa. A decir verdad, merece la pena llegar hasta el final y cruzarte de frente con los canales de la ciudad. Unas vistas fantásticas. Para finalizar el día, fuimos a comer a un pequeño rinconcito de Copenhague, queríamos probar cómo era la famosa Carlsberg, y cómo no, las demás variedades de cerveza de este país nórdico. El bar se llamaba Club Mambo y  allí probamos la Tuborg. Todo un descubrimiento.

 

Iglesia de San Salvador

El segundo día, Copenhague nos despertaba con auténticos rayos de sol, así que pusimos rumbo al centro de la ciudad en busca de Christiania, el Estado sin ley que hay dentro de la capital danesa. Pero por el camino, nos encontramos a unos españoles (porque parece que estamos por todos lados), que se dirigían a Vor Frelsers Kirke, la iglesia de San Salvador. La entrada cuesta 35 coronas danesas, pero si eres estudiante, te lo rebajan a 25. He de decir que da bastante vértigo, pero merece muchísimo la pena subir todos su escalones en forma de caracol y llegar a lo más alto para apreciar las vistas de esta preciosa ciudad.

Cuando entras en Christiania, estás fuera de la Unión Europea

Tras bajar y tener las piernas temblando literalmente de las sensaciones vividas ahí arriba, tocaba visitar el tan ansiado barrio de Christiania. Al principio teníamos un poco de miedo porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar allí. Pero he de decir que me ha impactado y sorprendido bastante. Es un barrio muy pacífico, que a pesar de los prejuicios que la gente tiene antes de entrar en él, te hace sentir cómodo. Eso sí, ni se te ocurra echar fotos, solo las podrás echar en los sitios donde esté permitido. Es una zona muy tranquila, aunque con algún que otro elemento no permitido fuera de sus fronteras, ya me entendéis. Muy recomendable visitar Christiania, sobre todo para apreciar el contraste de un sitio con otros.

Nyhavn

Al salir y rodear este barrio sin ley,  nos encontramos por casualidad con el puerto de Copenhague y cómo no, con la famosa calle con casas de colores, Nyhavn. Un auténtico placer disfrutar de sus gentes paseando y tomando un café en sus terrazas,  las cuales estaban a rebosar.

 

Castillo de Rosenborg

Tras reposar un poco la comida, nuestro trayecto seguía. Esta vez hasta el castillo de Rosenborg. Para mí, un castillo de cuento y de ensueño, con vistas espectaculares y con jardines preciosos. Además, personalmente me llamó la atención la forma en que están cortados a la perfección  y milimétricamente todos los árboles de su alrededor. Un gran acierto. Y para finalizar nuestra caminata, visitamos la estatua de La Sirenita basada en el cuento del autor danés Hans Christian Andersen.

Lo bueno que tiene Copenhague es que está conectada con Suecia gracias al puente Øresund, el puente más largo de Europa, mediante el cual tuvimos la suerte de visitar dos países en cuatro días (quién lo diría). Sin duda, un auténtico acierto la construcción de esta obra, facilitando así la conexión entre ambos países.  Por supuesto, no nos podíamos perder pasar por él, aunque para ello, contaré nuestro viaje a Suecia en el próximo post.

En definitiva, Copenhague es una ciudad tranquila, de gente amable, sin grandes aglomeraciones y con muchas tonalidades y contrastes. Así definiría yo a la capital danesa.

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